Ojalá pudiera llorar lágrimas de cristal,
perlas incandescentes que brotan de mi ser,
que escupen inocencia y claman
indulgencia,
que te anhelan, que quieren, desean, piden
y queman.
El tiempo lo escriben dos almas centrífugas,
la una lleva a la otra, y ésta, generosa,
se esfuerza,
da, reparte y otorga.
¿No puedes ver que soy un hombre nuevo,
rodeado de enseres inútiles, que me amnesian
momentáneamente,
del dolor de tu ausencia, de tu pérdida fugaz pero
eterna?
No, tan solo te fijas en lo momentáneo,
en flores de otro mundo que no me pertenecen,
que únicamente me retan a borrarte de mi mente,
a desdeñar tu etérea mirada,
a fundir tu iris en la nada,
con sigilo, sin fin, sin causa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario