Con la colaboración de la Asociación de Autores de Teatro

jueves, 23 de octubre de 2008

PASEO VIENÉS


Günter

Salgo del coche,
todos me miran.
Las casas blancas
de Viena,
recién alicatadas;
los suelos,
recién regados...
de nuevo,
sucios de lluvia.
Me miran.
Solo estoy
dando un paseo.
El cielo está raso,
tan blanco y depurado
que da miedo.
Me señalan con el dedo.
Viena está pálida
de incertidumbre,
desafinada.
La Guerra destruyó
pocas cosas o
se construyeron demasiadas.
Ya no sé.
Barrieron las ruinas
y las escondieron con el pie
debajo de la alfombra
del Danubio.
Paseo vienés.
Los seres humanos
deben de seguir
escondidos en los sótanos.
Trashumados.
Son sus sombras
las que pasean por la calle
y pisan la lluvia.

(Señalando a la gente del público)

Esa mujer del paraguas
no es real;
el policía que, erguido,
lucha contra la gravedad
del uniforme mojado
no es real;
el hombre que
en el charco
refleja un reflejo
que apenas hiede,
no es real...
Por no decir del que acompaña
a la mujer del paraguas.
Paseo solo en Viena.
Wiener Spaziergang.
La ciudad de la música
se quedó afónica.
De la antorcha al oído
solo quedan brasas mojadas.

(Hace unos ejercicios de voz)

¡Viena, al otorrinolaringólogo!
Las bombas,
los disparos en la boca
eran más locuaces
que estos violines, violas,
viandantes.
¿No os corréis
sino masturbando
vuestros violines?
Mal te ha sentado
el alto al fuego,
Viena.
A los vieneses igual les da
que se plante un árbol
en lugar de la catedral,
o que se tale un bosque
para hacer un forillo.
"La patria es el lugar
donde no se está",
compañero de lluvia,
Koltès.
Paseo vienés.
La patria es el lugar
donde no se vive.
Wiener Spaziergang.
Wiener Spaziergang.
Paseo solo.
Y distingo
el olor rancio
de los pañales blancos
de un niño
condenado a medrar.

Me gusta pasear.

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