Al principio el texto (los fragmentos de texto) de Minke me parecía como su tema central. Tanto la idea de una rave como las escenas que me llegaban me parecían curiosas, con una agilidad llamativa, un código propio, y momentos graciosos. Era algo llamativo, pero completamente ajeno; igual que un montón de gente bailando entre la noche y el día debajo de un túnel de autopista puestos hasta arriba de pastillas.
Así que me agarré a algunas de las cosas que me dijo Minke en nuestra primera reunión: la ritualidad de este tipo de eventos, la ruptura de la lógica, el funcionamiento como un ser colectivo de todos aquellos seres minúsculos en aquel momento. Es decir, lo que hay detrás de la rave, o quizá más bien lo que podría haber: el ansia de vida sentida como un cúmulo de emociones fuertes, la ruptura de los umbrales, el acceso a descubrimientos de recovecos propios que tal vez sólo se muestren en un estado en el que la lógica no impere o tal vez la huida de esos mismos recovecos, que se empecinan en aparecer cuando lo que más deseamos es olvidarnos de que existen y de lo que contienen.
De acuerdo, la rave me es ajena, pero hay que reconocer que lo que subyace en ella me es hasta familiar.
En este primer tercio del viaje hemos buscado sobre todo construir esta no-lógica, cómo los personajes pueden manejar relaciones temporales y espaciales incongruentes sin cimentarlo sobre un vacío “están drogados”. Hay que mantener esas incongruencias y ese choque entre tiempos y espacios (al fin y al cabo eso es así), pero a la vez hay que intentar compartir lo que esos personajes alógicos están pasando (porque eso, lo que ellos viven, también es así).
En esta dirección hemos abordado hasta el momento dos tipos de trabajo, correspondientes a dos grandes tipos en que podríamos dividir las escenas que tenemos:
- Por un lado hemos buscado darle un destino, un lugar de llegada, a escenas que en un primer momento son un retrato de lo que ocurre o puede ocurrir, pero no mucho más (un grupo de personas se juntan espontáneamente y bailan; un ravero drogado –o no– que habla consigo mismo mientras se va desdoblando en múltiples personalidades). De esta manera, esas escenas hasta ahora independientes no ofrecen una explicación (no sé si existe y no la creo interesante) pero sí consiguen dejarnos con la sensación de que escondían algo –igualmente inexplicado- a lo que hemos podido acceder.
- Por otro, encontrar motores y razones para que en las escenas se esté poniendo algo valioso en juego, y los personajes nos dejen entrever algo de lo que están pasando desde dentro. Así, la chica que pide pasar a un baño inexistente en medio de un patio nos revela parte de su historia incestuosa; y podemos intuir el sufrimiento de un tipo al que se le cae el mundo encima cuando los preceptos que le dio su padre resultan inútiles para conseguir lo que realmente quiere
Con todo, y pese a vislumbrar algunas farolas en esta carretera de música trance, aún no soy capaz de adivinar qué nos vamos a encontrar –no ya al final– sino apenas un poco más adelante.
Y, la verdad, tengo curiosidad.
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