Con la colaboración de la Asociación de Autores de Teatro

martes, 11 de noviembre de 2008

Jaïr y el Olvido

No me quejo, no me llames,

no me hables que me lastimo,

tomo aquello que me diste

para llevarlo tan lejos,

que cuando amanezca

y me busques

seré una muesca del destino.

No me cantes ni me implores,

las verdades que te pido

son la lluvia de un mañana

que llegará sin previo aviso.

No me cantes, no me sigas,

lo malo pasa, lo bueno vuelve,

cuando comprendes, de repente

que todo, quizás, ya esté escrito.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No sé a qué me recuerda este texto, si al catecismo, las poesías que, en mi época, ponían en las portadas de sus cuadernos las chicas pijas o la letra de la última canción de eurovisión.