No me quejo, no me llames,
no me hables que me lastimo,
tomo aquello que me diste
para llevarlo tan lejos,
que cuando amanezca
y me busques
seré una muesca del destino.
No me cantes ni me implores,
las verdades que te pido
son la lluvia de un mañana
que llegará sin previo aviso.
No me cantes, no me sigas,
lo malo pasa, lo bueno vuelve,
cuando comprendes, de repente
que todo, quizás, ya esté escrito.
1 comentario:
No sé a qué me recuerda este texto, si al catecismo, las poesías que, en mi época, ponían en las portadas de sus cuadernos las chicas pijas o la letra de la última canción de eurovisión.
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