Con la colaboración de la Asociación de Autores de Teatro

viernes, 28 de noviembre de 2008

Terrible dilema. Bendito dilema.

Uno de los miedos que compartimos la mayoría de autores, además de la archiconocida página en blanco, es el de rechazar aquello que hemos escrito y que tantos quebraderos de cabeza nos ha traído. A excepción de Minke, que posee una gran capacidad autocrítica y de reescribir la mayoría de lo escrito sin miedo alguno, el resto debatimos con nosotros mismos sobre la calidad y la idoneidad de aquello que hemos creado.

Yo me encuentro en ese punto inexacto. Analizo las escenas escritas hasta ahora y algunas me gustan y creo que las dejaré tal y como estan. Otras me parecen predecibles, flojas, demasiado ilustrativas, típicas y tópicas; y más después de ver cómo funcionan escénicamente los monólogos propuestos. Por ejemplo, las escenas de Sofía creo que se limitan siempre a una nostalgia basada en sus años como estrella de los escenarios y nunca hablan de sus pensamientos reales, sus intenciones en la vida o de sus sentimientos fuera de escena; tema realmente interesante entorno a su figura. Tampoco me convencen ciertos pasajes de Alan, anclados en una poesía rácana y poco generosa, alejada de la sobriedad de Jaïr, personaje que ,opino, es el más perfilado de los seis.

Por tanto, de ahora en adelante, tan sólo me queda decidir qué tiro a la papelera de reciclaje y qué guardo en mi baúl de intocables. Terrible dilema. Bendito dilema.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pues sigue tus instintos, seguro que no te fallan! :)